jueves, 24 de septiembre de 2009

BIENVENIDA RUTINA

He tardado mucho, pero he vuelto. Han sido más de dos meses los que he pasado sin martillear el teclado de mi ordenador, apartado de él por algunos asuntillos que tenía pendientes (y por mis vacaciones, claro, que aunque cortas, fueron intensas).

Tengo ya ganas de entrar en rutina. Suena mal, ¿verdad?. Pensar en rutina suele provocar rechazo, pero no es tan mala, creedme. La rutina es -diría Jesulín- como un toro. Hay que saber manejarla (como casi todas las cosas, añado yo). Hay que buscarla sin dejar que sea ella la que te encuentre a ti.

Comienza el ciclo. Divido el tiempo en ciclos de un año que no comienzan en enero sino más o menos por estas fechas, justo con el inicio del curso escolar. Así lo he hecho -como casi todos- desde que era estudiante. Ahora ya no lo soy pero mis hijas van al cole. Hemos pasado ya el caos del periodo estival: primero dejan de tener clase por la tarde, luego van a la escuela de verano, ésta termina y te organizas con tu pareja las vacaciones para poder estar con ellas todo el día, vuelve el cole pero sólo de mañanas y ya, al final, por fin, comienzan a ir también de tarde. Y es entonces cuando bendices la rutina. Hasta junio (excepción hecha de las navidades) tienes el planning hecho ¡qué tranquilidad! Recoges a las niñas a las 5, un poquito de parque, un baño al llegar a casa, otro poquito de tele (ahora sí, poquito), a cenar, lavarse los dientes, un pis, un cuento y a dormir. ¡Qué gozo! Dicen los psicólogos que la rutina da seguridad a los niños incidiendo positivamente en su conducta. Cierto, ciertísimo. Lo tengo constatado. No hay nada como que sepan que lo que toca en cada momento es irreversible para dejar de tener conflictos.

Teniendo ya configurado el horario de las niñas te organizas con tu pareja: yo las recojo martes y miércoles, el lunes y jueves tú y el viernes vamos juntos. Cuando tú vuelvas de clase yo me voy al gimnasio y llego justo a tiempo para el baño y la cena. Claro que, eso es los lunes y los miércoles, los jueves tengo fútbol a las 4 y a mi vuelta tú te vas a clase. ¡Uf! Parece todo muy complicado pero convertido en rutina, se hace fácil.

La rutina (sin llevarla a extremos irracionales) te lleva al éxito: en la educación de tus hijos, en los estudios, en tus aficiones... No siempre te apetece hacer ejercicio pero si hoy es miércoles, por ejemplo, y los miércoles toca spining ni te planteas dejar de ir. No hay otra opción si no quieres acabar arrojando la toalla. Pero la rutina, eso sí, se termina el viernes noche. A partir de entonces y hasta el lunes siguiente, se la guarda en un cajón. Todos sus beneficios se convierten en perjuicios el fin de semana, que está pensado para improvisar.

Bien, espero convertir en rutina mis ratitos en el blog.
Saludos.

jueves, 16 de julio de 2009

¿DISONANCIA COGNITIVA O DEMAGOGIA?

No hace mucho, el día 28 de mayo exactamente, escribía en este blog sobre la disonancia cognitiva. Y para hacerla más comprensible explicaba los argumentos que esgrimía una persona de mi entorno respecto de los trajes con los que parece que fue obsequiado Francisco Camps por una empresa contratista de la Generalitat Valenciana, Orange Market.

Y decía: Tratamos frecuentemente de acomodar a nuestros esquemas morales, a nuestras convicciones, a nuestros comportamientos, todo aquello que va surgiendo para entrar en conflicto con aquéllos. Para la persona de la que hablo, que admira a Camps y lo tiene por persona honrada, lo más fácil es construir argumentos que le lleven a concluir que todo es mentira. Si se demuestra lo contrario, utilizará otros que le lleven quizás a defender que no son los hechos tan graves, que ha sido engañado o que todo el mundo hace lo mismo. Sólo así los hechos y nuestras ideas pueden continuar siendo de alguna manera coherentes.

Vuelvo a este tema porque ya hemos llegado al momento que predecía. Ha faltado tiempo para que, tras conocerse el último auto del magistrado Flors, comparezcan ante los medios de comunicación distinguidos dirigentes del PP para reelaborar sus argumentos.

Habían comenzado diciendo ser víctimas de la persecución del juez Garzón, en connivencia con el entonces ministro de Justicia Mariano Fernández Bermejo, con quien había ido de caza (hecho que le costó el puesto). Una vez inhibido del caso el juez Garzón por corresponder el trámite al Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana, y persistiendo el nuevo magistrado instructor en la inculpación, el argumento pasó a basarse en la negación. Hasta 126 veces dijo Camps en les Corts que había pagado sus trajes. Sus correligionarios siguieron esta estela y todos manifestaban estar seguros de que así fue. Y, claro, ¿quién guarda las facturas de la ropa que se compra? Pero con el último Auto dictado por el TSJCV esta excusa ya no cuela ("Según parece desprenderse de las diligencias de investigación practicadas hasta ahora", los imputados "resultaron beneficiados por la recepción de las prendas de vestir cuyo precio pagó un tercero", indica el magistrado).
Rita Barberá fue el ariete del PP y la que más focos atrajo cuando estrenó el nuevo argumento: “si el presidente de la Generalitat, Francisco Camps, dimitiera por su imputación en el 'caso Gürtel' tendría que seguirle todo el país, empezando por el presidente del Gobierno por las anchoas con que le ha obsequiado en varias ocasiones” “Haciendo un paralelismo con el caso del presidente Camps, también están incursos en este artículo algunos más. Yo también, probablemente por recibir un ramo de flores. Pero, desde luego, Zapatero por lo de las anchoas de Santoña del presidente Revilla".
Algunos políticos del PP han insistido en este argumento (un auténtico insulto a la inteligencia, el ejemplo de la alcaldesa) y entre ellos Mariano Rajoy, que decía ayer mismo “Francisco Camps, está padeciendo una pena mucho mayor que el castigo tipificado por un delito de cohecho impropio (2.500 euros), que es por lo que se le está investigando en el Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat Valenciana”, quitándole hierro al asunto, aunque dijera más tarde estar seguro de que el President pagó sus trajes.

¿Están verdaderamente convencidos todos ellos de que es éste un hecho sin importancia? ¿De verdad cree Rita Barberá que el regalo institucional de una lata de anchoas es equiparable a las frecuentes visitas a las tiendas de Milano y Forever Young del Presidente de la G.V. y otros dirigentes populares o la de su sastre a sus despachos para elegir unas telas, encargar unos trajes, unas americanas, un esmoking o llevarse unos zapatos por la jeta?

Si de verdad lo creen así, estaríamos, a mi parecer, ante un clarísimo ejemplo de disonancia cognitiva. Pero puede que no crean lo que dicen y que lo que pretendan no sea más que cargar las pilas de la disonancia cognitiva de sus votantes (lo que explicaría mucho mejor porqué sí han suspendido al que fuera vicepresidente del Gobierno Valenciano, Víctor Campos, hoy retirado de la política, inculpado por los mismos delitos). Estaríamos entonces ante un ejemplo de manipulación de la opinión pública y de demagogia. Yo, la verdad, no tengo muy claro en qué caso nos encontramos.
DISONANCIA COGNITIVA:
El concepto de disonancia cognitiva, en Psicología, hace referencia a la tensión o desarmonía interna del sistema de ideas, creencias, emociones y actitudes (cogniciones) que percibe una persona al mantener al mismo tiempo dos pensamientos que están en conflicto, o por un comportamiento que entra en conflicto con sus creencias. Es decir, el término se refiere a la percepción de incompatibilidad de dos cogniciones simultáneas.

jueves, 2 de julio de 2009

LOS HOSPITALES DE GESTIÓN PRIVADA Y UN TAXISTA DE TÚNEZ

Supongo que sucede en muchos más sitios, pero a mí, que no puedo presumir de viajar mucho, me pasó en Túnez. Allí tienes dos formas de pagar un taxi. O bien pactas con el taxista una cantidad antes de tomarlo o bien dejas que sea el taxímetro el que establezca el precio. Si optas por la primera de las opciones, el conductor tomará atajos, se saltará algunos semáforos y completará el trayecto en un corto espacio de tiempo. Si dejas que gobierne el taxímetro, la conducción será más lenta, no habrá atajos sino rodeos y pararás hasta en los semáforos que todavía están en ámbar (vaya, como te puede pasar aquí).

Me acordaba de esto cuando pensaba en cómo funcionan los hospitales de gestión privada que han proliferado los últimos años, sobre todo en la Comunidad Valenciana y la de Madrid. La empresa que los gestiona recibe una asignación fija por los pacientes potenciales de que dispone (todos los ciudadanos adscritos, por empadronamiento, a ese hospital) y factura el gasto ocasionado por cada paciente desplazado que es atendido en él. De manera que si dos personas entran por la puerta de Urgencias del nuevo Hospital de Dènia, por ejemplo, con la misma dolencia, es muy posible que no reciban la misma atención si uno es de Pego y otro de A Coruña. Con la presencia del primero, el Hospital (que no olvidemos que es gestionado por una empresa que pretende sacar rendimiento económico) no puede hacer más que perder dinero. Todas las pruebas, intervenciones o tiempo que le dedique es un gasto irrecuperable (no olvidemos que el hospital ya ha ingresado por ese paciente lo que debía ingresar y que es la misma cantidad acuda éste o no al hospital). ¿Qué pasa con el paciente de A Coruña? Que toda radiografía, TAC, ecografía o resonancia que se le practique, así como el tiempo de hospitalización que requiera, será facturado a la Agència Valenciana de Salut.

De la misma manera que hay un mismo taxista en Túnez conduciendo de dos formas diferentes, ¿creéis que de verdad puede el Hospital de Dènia (o el de Alzira o la próxima Fe) atender de la misma manera a todos sus pacientes? Yo creo que no, y aunque estén construyendo la Nueva Fe a 300 metros de mi casa, si necesito ir a Urgencias y puedo aguantar un poco, que me lleven a Dènia, que total, es una horita.

sábado, 20 de junio de 2009

VICENTE FERRER Y OTROS

En menos de veinte días la población de Gandía ha sido dos veces noticia por muy distinto motivo. Si a finales de mayo conocíamos la barbaridad cometida por dos empresarios panaderos incapaces de prestar el auxilio necesario a un trabajador víctima de un accidente de trabajo provocado por el afán de exprimir la productividad de su empresa, hoy nos hemos levantado con la noticia del fallecimiento de Vicente Ferrer, hijo predilecto de Gandía, donde pasó su infancia, aunque había nacido en Barcelona.


Qué vidas tan diferentes, qué paradojas. Uno trabajando toda una vida por los demás sin esperar más a cambio que ver aliviado el sufrimiento de los más pobres. Otros buscando el beneficio personal, para enriquecerse o para sacar adelante la empresa, pero en todo caso a costa del trabajo mal pagado y degradante, casi esclavo de los más desprotegidos.

Prefiero hablar del primero, porque nos ha demostrado que otro mundo es posible, porque dicen de él que ha sacado de la pobreza a dos millones de personas, porque se ganó el cariño y el respeto de los más necesitados. Porque, pese a ser jesuita, "nunca hablaba de Dios, había otras prioridades. La acción era lo único importante, la buena acción contiene en sí misma todas las religiones, todas las filosofías, contiene el universo completo". Vicente Ferrer no fue a la India a construir iglesias sino escuelas y hospitales. Nunca figuró en sus planes incrementar las listas de católicos y seguramente por eso nunca fue visto con buenos ojos por la jerarquía eclesiástica, hasta que en 1970 fue expulsado de la Compañía de Jesús.

Dicen que en el punto medio está la virtud. Y no siempre es cierto. En el punto medio entre el egoismo cruel de los empresarios gandienses y el abnegado altruismo de este hijo predilecto de Gandía está la mediocridad. Virtuosos son aquellos capaces de llegar a donde Vicente Ferrer Moncho ha llegado. Esperemos que se hagan ciertas sus palabras “la Fundación puede vivir sin mí pero yo no puedo vivir sin la Fundación” y que la labor que él inició perviva por muchísimo tiempo.



miércoles, 17 de junio de 2009

LA JUVENTUD DE HOY

Hace tiempo que andaba buscando este texto, que perdí, y que ahora he recuperado por gentileza de mi hermana. Lo quiero compartir con vosotros, aunque es probable que ya lo hayáis leido:
El Médico de Familia inglés, Ronald Gibson, comenzó una conferencia sobre conflicto generacional, citando cuatro frases:
1) "Nuestra juventud gusta del lujo y es mal educada, no hace caso a las autoridades y no tiene el menor respeto por los de mayor edad. Nuestros hijos hoy son unos verdaderos tiranos. Ellos no se ponen de pie cuando una persona anciana entra. Responden a sus padres y son simplemente malos."
2) "Ya no tengo ninguna esperanza en el futuro de nuestro país, si la juventud de hoy toma mañana el poder, porque esa juventud es insoportable, desenfrenada, simplemente horrible."
3) "Nuestro mundo llegó a su punto crítico. Los hijos ya no escuchan a sus padres. El fin del mundo no puede estar muy lejos."
4) "Esta juventud esta malograda hasta el fondo del corazón. Los jóvenes son malhechores y ociosos. Ellos jamás serán como la juventud de antes. La juventud de hoy no será capaz d e mantener nuestra cultura."
Después de enunciar las cuatro citas, el Doctor Gibson, observaba como gran parte de la concurrencia aprobaba cada una de las frases. Aguardó unos instantes a que se acallaran los murmullos de la gente comentando lo expresado y entonces reveló el origen de las frases, diciendo:
La primera frase es de Sócrates (470 - 399 A .C.)
La segunda es de Hesíodo ( 720 A .C.)
La tercera es de un sacerdote ( 2.000 A .C.)
La cuarta estaba escrita en un vaso de arcilla descubierto en las ruinas de Babilonia (actual Bagdad) y con más de 4.000 años de existencia.
Y ante la perplejidad de los asistentes, concluyó diciéndoles:Señoras Madres y Señores Padres de familia: RELÁJENSE, QUE LA COSA SIEMPRE HA SIDO ASÍ...
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sábado, 6 de junio de 2009

ABORTAR A LOS 16

No sé si peco de ser corto de reflejos al abordar ahora este debate, cuando lleva ya bastante tiempo instalado en nuestras conversaciones.
El caso es que me ha animado escuchar anteayer en el parque una discusión sobre el aborto a los 16 años y un día después, oir a Mariano Rajoy, hablar de lo mismo en un mitin de campaña.

Lo primero que se me ocurre es que no es una, sino dos discusiones. La primera sería sobre si es o no aceptable la legalidad del aborto y la segunda si es o no aceptable que una niña pueda, a los 16 años, interrumpir su embarazo sin el consentimiento de sus padres.

Me quiero ahorrar la primera. Entre otras cosas porque en España las formaciones de izquierdas han defendido siempre el aborto y el principal partido de derechas, que no lo ha hecho nunca, tuvo la oportunidad de derogar la ley que lo regula durante los ocho años que estuvo en el poder y no lo hizo. Supongo que es el problema de querer aglutinar un sector tan amplio del electorado, el que va del centro hasta la extrema derecha, y que a veces le obliga a tomar decisiones en función de los votos que pueda ganar o perder en el envite. Debieron pensar que derogarla restaría más papeletas que las que pudiera sumar y dejaron las cosas como estaban. Lo mismo pasó con la Ley del divorcio y me apuesto una paella que cuando el PP vuelva al poder tampoco derogará la Ley de matrimonios homosexuales ni eliminará la asignatura Educación para la ciudadanía. El mismo principio de aritmética de votos es el responsable, probablemente, de que el PSOE no haya sido en otras ocasiones más valiente con el aborto u otras cuestiones.

El caso es que si suponemos que estos partidos representan a la gran mayoría de los españoles y todos ellos han defendido por acción u omisión la despenalización del aborto, el debate sobre su conveniencia pierde gran parte de su interés, a pesar de las campañas de la Iglesia (campañas que, curiosamente, no hacía cuando gobernaba el PP y la Ley seguía vigente).

De manera que ahora el meollo del debate se centra en los plazos y en la conveniencia o no de que una niña pueda interrumpir su embarazo a los 16 años sin permiso de sus padres. Y en ese debate yo he escuchado cosas que, a bote pronto, parecen bastante razonables. He escuchado decir que es incongruente que una niña pueda tomar esa decisión y no pueda votar o conducir un coche. He oido que carece de la madurez necesaria o que no puede tomar ese tipo de decisiones a espaldas de sus padres.

La medida propuesta por el gobierno es en parte, lógica, en congruencia con la Ley de Autonomía del Paciente del año 2002, en virtud de la cual, a partir de los 16 años no se requiere consentimiento paterno para pasar por un quirófano. Ni siquiera tratándose de una operación de cirugía estética.

Pienso que una niña puede perfectamente esperar a cumplir los 18 para conducir un vehículo o para votar. No hay ninguna urgencia para ello, ya madurará (y no entraré a discutir si lo habrá hecho o no a los 18). Tampoco pasaría nada si se esperara a alcanzar la mayoría de edad para ponerse tetas, culo, hacerse una liposucción o corregirse la nariz. Pero si a los 16 se queda embarazada, la decisión de continuar con el proceso, la tome quien la tome, no puede esperar. Sería muy buena idea congelar la gestación hasta que cumpliera los 18 pero no es posible (quién sabe si un día...). ¿Y a quién le va a repercutir el resto de su vida lo que se haga con ese embarazo? A esa niña que ahora tiene 16 años. ¿Por qué tienen entonces que tomar una decisión tan importante los abuelos del niño que va o no a nacer si no van a ser los responsables de su crianza y manutención, si no van a tener ninguna obligación legal respecto de él?

Yo parto de la idea de que la decisión de abortar no es ni más ni menos respetable que la decisión de no hacerlo. Y, tomando ese punto de partida, quiero darle la vuelta al planteamiento del siguiente modo:

Si una niña de 16 años necesita del consentimiento de sus padres para interrumpir su embarazo, ¿por qué no lo necesita para continuar con él? ¿no nos parecería disparatado que la ley permitiera la práctica de un aborto a una adolescente que quiere tener a su hijo? ¿Es congruente aceptar que los padres puedan decidir en un sentido pero no en el otro?
Creo que hay decisiones que sólo puede tomar uno mismo. O, en este caso, una misma. Aunque tenga 16 años y aunque sus padres la quieran muchísimo.
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jueves, 28 de mayo de 2009

DISONANCIA COGNITIVA

A menudo me pregunto cómo personas inteligentes pueden dejar de parecerlo cuando, con el fin de no abandonar sus convicciones, fuerzan sus argumentos hasta límites insospechados.

Podríamos poner muchos ejemplos: fumadores que defienden que el humo de los coches es más nocivo que el de sus cigarros; drogadictos que consideran que el tabaco es más dañito que la cocaina; católicos que consideran que el condón propaga el sida; hinchas de clubes de fútbol que una y otra vez pierden por culpa del árbitro...

Debido a este fenómeno, a menudo intuimos lo que alguien va a opinar sobre algo. Eso me sucedió el otro día cuando escuché a una persona de derechas, opinar sobre los presuntos regalos a Francisco Camps. Que ya sabía yo lo que iba a decir: “ ¿Acaso se guarda alguien las facturas de los trajes que se compra? “ Y, sobre esta pregunta, construir un argumento basado en la fácil y falsa acusación a un presidente y un partido en el más infalible de sus feudos con el fin de descabalgarlo del poder.

No seré yo quien rompa la sagrada presunción de inocencia, pero no puedo aceptar un argumento tan débil en una persona inteligente como lo es la que lo esgrimió. Yo no uso trajes ni guardo facturas de mis compras pero todo lo que me cuesta más de 20 euros lo pago con tarjeta y puedo acceder a los cargos cuando quiera, ya sea acudiendo a mi oficina o consultándolos por internet. Me cuesta creer que alguien saque de la cartera 800 ó 1000 euros (que es el precio que ronda cada uno de esos trajes) cada vez que adquiere uno. Y más me cuesta creer que esa práctica no sólo fuera habitual en Camps, sino también en Costa, Campos y Betoret, los otros 3 políticos valencianos acusados de cohecho. No sé si se les podrá condenar por ello, porque para eso se tendrá que demostrar tanto que no pagaron los trajes como que el no hacerlo (y admitirlos como regalo de los responsables de Orange Market) fuera en contraprestación a algo. Pero el tufillo que emana el caso es insoportable.

Tratamos frecuentemente de acomodar a nuestros esquemas morales, a nuestras convicciones, a nuestros comportamientos, todo aquello que va surgiendo para entrar en conflicto con aquéllos. Para la persona de la que hablo, que admira a Camps y lo tiene por persona honrada, lo más fácil es construir argumentos que le lleven a concluir que todo es mentira. Si se demuestra lo contrario, utilizará otros que le lleven quizás a defender que no son los hechos tan graves, que ha sido engañado o que todo el mundo hace lo mismo. Sólo así los hechos y nuestras ideas pueden continuar siendo de alguna manera coherentes.

Estos juegos de equilibrio los practicamos todos, absolutamente todos, en mayor o menor grado con nuestros argumentos, y en Psicología reciben un nombre: Disonancia cognitiva:

El concepto de disonancia cognitiva, en Psicología, hace referencia a la tensión o desarmonía interna del sistema de ideas, creencias, emociones y actitudes (cogniciones) que percibe una persona al mantener al mismo tiempo dos pensamientos que están en conflicto, o por un comportamiento que entra en conflicto con sus creencias. Es decir, el término se refiere a la percepción de incompatibilidad de dos cogniciones simultáneas.
El concepto fue formulado por primera vez en 1957 por el psicólogo estadounidense, de origen ruso, Leon Festinger en su obra "A theory of cognitive dissonance". La teoría de Festinger plantea que al producirse esa incongruencia o disonancia de manera muy apreciable, la persona se ve automáticamente motivada para esforzarse en generar ideas y creencias nuevas para reducir la tensión hasta conseguir que el conjunto de sus ideas y actitudes encajen entre sí, constituyendo una cierta coherencia interna.
La manera en que se produce la reducción de la disonancia puede tomar distintos caminos o formas. Una muy notable es un cambio de actitud o de ideas ante la realidad.

Fuente: Wikipedia
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miércoles, 20 de mayo de 2009

HUMOR Y CRISIS


Lejos de servir para banalizar los problemas, el humor es una forma de comprenderlos y afrontarlos. Por eso os dejo los enlaces a dos vídeos que ilustran perfectamente el origen de esta crisis. Con ellos podemos entender mejor qué es lo que ha pasado y reirnos un rato al mismo tiempo.

El primero de ellos lo protagonizan dos humoristas de la televisión británica. Lo he encontrado en el blog de Francisco Alvarez Molina, en el que también encontré el vídeo de Annie. El segundo es una entrevista a Leopoldo Abadía en el programa de Buenafuente. Leopoldo Abadía no es humorista pero podría serlo, por la forma tan divertida que tiene de contar las cosas (y clara, al mismo tiempo). Es doctor en Ingeniería Industrial y ha ejercido como profesor de Política de Empresa en la Escuela de Dirección de Empresas de Navarra durante más de 35 años. Pero ha sido su teoría de los ninjas la que lo ha llevado a la fama a la edad de 75. Muchos de vosotros ya conoceréis esta teoría e incluso habréis visto el vídeo, pero no está de más recordarlo.


El conocimiento, tanto de la existencia del blog de Francisco Alvarez como del vídeo de Leopoldo Abadía, se lo debo a mi amigo Arcadio. Espero que sigas enviándome material tan interesante para mi blog.


No le digas a mi madre que trabajo en Bolsa: Humor inteligente, pedagógico y terapéutico para explicar la crisis

Leopoldo Abadía y su teoría de los ninjas con Buenafuente

sábado, 16 de mayo de 2009

EL PRECIO JUSTO Y LA TEORÍA DEL MÁS TONTO


A nadie se le escapa que una de las particularidades que esta crisis internacional que nos azota presenta en España es su incidencia en el sector inmobiliario.

Todos hemos visto proliferar como champiñones, años atrás, inmobiliarias grandes, medianas y pequeñas. En todas las calles de todas las ciudades de España había oficinas con sus escaparates empapelados con carteles que anunciaban: “para entrar a vivir” “precioso piso” “muy luminoso”... Te llamaban a la puerta los chicos trajeados con corbatas de colores, muy educados, muy simpáticos. Te ofrecían tasar tu piso gratuitamente (“si yo no quiero venderlo, ¿para qué quiero tasarlo?” “¿No tiene curiosidad por saber cuál sería su precio de mercado?” “Pues no, majete, no quiero saberlo”). Te dejaban publicidad en los buzones, te llamaban por teléfono... Formaban parte de nuestras vidas.

Se vendían muchos pisos todos los días. Y cada vez más caros. Y de ahí comían constructores, arquitectos, aparejadores, albañiles, fontaneros, electricistas, carpinteros..., las pequeñas empresas de reformas, notarías, inmobiliarias, etc., etc.

Y comenzamos a oir hablar de la burbuja inmobiliaria, y de lo que algunos advertían que podía suponer su estallido, y muchos negaban que se fuera a producir. Pero estalló.
Al respecto de las burbujas me he encontrado esta definición de la llamada Teoría del más tonto(que a alguno le puede molestar si se siente aludido pero que, como no es mía, la publico):
La teoría del más tonto describe a las burbujas como dirigidas por el comportamiento perennemente optimista de los participantes de un mercado (los tontos) que compran activos sobrevaluados anticipando su venta a especuladores rapaces (los más tontos) a un precio mucho mayor. Según esta explicación no respaldada, las burbujas continúan hasta que los tontos puedan encontrar más tontos para pagarles por los activos sobrevaluados. Las burbujas terminarán solo cuando el más tonto se convierta en el mayor tonto que paga el precio superior por el bien sobrevaluado y no puede encontrar otro comprador que pague por él un precio más alto.

No ando muy de acuerdo con esta teoría por un motivo: en realidad sólo hay un tonto, el último comprador que no se puede convertir en vendedor. Los tontos de los eslabones intermedios hacen su negocio: compran caro y venden más caro todavía. Son colaboradores de la creación de la burbuja pero no víctimas de ella. Pero en fin, sólo es un matiz.

El resultado de todo esto es que construimos un gran castillo de naipes que había demandado mucha, muchísima mano de obra, incluso de más allá de nuestras fronteras. Con su caida, al soplido de la crisis financiera, esa mano de obra se ha convertido en millones de parados.

Una de las lecciones que hemos de aprender de esta crisis como ciudadanos es que debemos tratar de pagar por las cosas un precio razonable para no alimentar la economía especulativa, para no participar en la teoría de los tontos. Y una de las funciones que deben desempeñar los gobiernos es detectar y paliar la especulación, aunque para muchos signifique una injerencia del estado en la economía de libre mercado.
Y esa lección coincide con otra de las que nos deja el vídeo de Annie Leonard “La historia de las cosas”. Ella también nos enseña a pagar por las cosas un precio razonable, aunque en este caso no hablamos de gastar menos sino de gastar más (y eso siempre es más difícil). Se trata de hacer uso, por ejemplo, de las tiendas de comercio justo. Son pocas, deberían multiplicarse. El comercio justo implica que todos aquellos que participan en la puesta en el mercado de un producto sean retribuidos dignamente y realicen su trabajo en buenas condiciones laborales. Es obvio que esto encarece el producto, pero hay que entender que es el precio razonable. El comercio justo garantiza además el respeto al medio ambiente y contribuye a la redistribución de la riqueza. Y muy bueno sería que la competencia de las tiendas de comercio justo forzara a las grandes multinacionales a desechar la idea de "externalizar costes". Os dejo una relación de tiendas de comercio justo en España.
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martes, 5 de mayo de 2009

LA HISTORIA DE LAS COSAS (de Annie Leonard)

Soy ignorante de muchas, muchísimas cosas. Una de ellas es la economía. Toda la vida quejándonos de la inflacción y resulta que, cuando los precios bajan y yo digo “por fin, una buena noticia”, nos cuentan que llega la deflacción y es peor todavía.

Por tanto, me cuesta entender el origen de este crisis cruel que nos azota. ¿La avaricia de los bancos que los ha “enmerdado” y ahora no sueltan un euro a quienes necesitan financiar sus negocios?, ¿la burbuja inmobiliaria que por fin estalló y ha pringado a todo el mundo?, ¿el miedo a invertir, a consumir y el instinto de guardar por lo que pueda pasar?

Sólo sé que algo tendrá que cambiar cuando salgamos de ella. Hemos creado un sistema basado en el consumismo que habrá que ir desmontando poco a poco. Fabricamos productos ideados para ser reemplazados por otros en breve plazo de tiempo por no tener calidad, por dejar de ser modernos en meses o por los vaivenes de la moda.

Cambiamos de teléfono móvil cada año. ¿Es que no nos funciona? Lo hace perfectamente pero los hay muy baratos con la pantalla más grande y con más funciones ¿pero no era para hablar?. Cada vez que renovamos nuestra tecnología o nuestro vestuario estamos dando de comer a unas cuantas personas (aunque el porcentaje que se llevan de nuestro dinero no es proporcional al esfuerzo dedicado a ponerlo en nuestras manos). Y ahí está la maldita trampa de este sistema: si dejamos de consumir dejamos también de dar de comer a mucha gente. Casi todos participamos en la extracción, elaboración, distribución o venta de productos que han de ser consumidos y nos vemos afectados cuando el consumo disminuye. Pero con esta voracidad no sólo estamos consumiendo lo que nos venden en las grandes superficies, sino también nuestros recursos naturales. Y podemos llegar al día en que sea demasiado tarde rectificar.

Os dejo un vídeo delicioso aunque preocupante y que habla de todas estas cosas. Es de Annie Leonard y se llama LA HISTORIA DE LAS COSAS. Lo encontré en el blog de Francisco Alvarez Molina, (http://noledigasamimadrequetrabajoenblosa.blogspot.com/) quien, entre otras cosas, ha sido vicepresidente de la bolsa de Madrid o Consejero-director de la de Valencia y que ahora tiene un espacio de economía en RNE.

El vídeo dura 21 minutos. Ya sé que todos andamos un poco mal de tiempo, pero vale la pena verlo entero. Si os falla lo podéis ver en este enlace que os llevará al blog de Francisco Alvarez Molina