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sábado, 7 de marzo de 2009

EL EXPERIMENTO DE LA PRISIÓN DE STANFORD

Indagando sobre el experimento que nos contó Miguel Angel, he encontrado otro que también me ha parecido interesante y que nos lleva a similares conclusiones. En resumen se trata de la creación de una cárcel ficticia como escenario y la selección de un grupo experimental de 24 universitarios de clase media que son divididos aleatoriamente en dos grupos iguales: la mitad guardas, la otra mitad reclusos. De inmediato, ambos grupos asumen su rol. Los guardas someten a los reclusos a un trato vejatorio y humillante que éstos aceptan.
Tanto se fue el experimento de las manos de los investigadores que tuvo que suspenderse a los 6 días cuando estaba programado para 14.

Aunque el estudio haya sido criticado por falta de ética y porque no se ajusta a las condiciones del método científico, leer en profundidad los pormenores del mismo es para asombrarse y asustarse. Como en el caso del experimento de Milgram (el de las descargas eléctricas) se trata de evadir la propia responsabilidad moral, ya sea por tener un respaldo institucional que legitima nuestra acción o por cumplir órdenes. Pero quién no ha visto asunciones de rol similares en algún policía, en algún encargado de alguna fábrica, en algún jefecillo, en algún delegado de clase en nuestra etapa escolar, en algún funcionario o en algún cabo del ejército. ¿Quién que haya hecho el servicio militar no recuerda la mutación de roles entre recluta y veterano con la llegada de los nuevos reemplazos? Meditadlo.
Si queréis saber más sobre el experimento, hacer clic en los siguiente enlaces:

miércoles, 4 de marzo de 2009

¿LO HARÍAS? (II)

Mi amigo Miguel Angel ha aportado una variante al dilema moral que planteaba yo ayer. La cuestión que él presenta carece de la figura de la recompensa pero me ha parecido muy interesante, así como la respuesta de Bonsai. Por ello he decidido trasladar aquí ambas intervenciones desde el apartado de comentarios.

Decía Miguel Angel:
En el experimento de Stanley Milgram, en la Universidad de Yale en 1961, se seleccionaba gente para realizar un experimento sobre el aprendizaje y les decían que tenían que aplicar descargas electricas sobre sus "alumnos" si fallaban las respuestas, las descargas iban aumentando de voltaje,los supuestos alumnos estaban conchabados para fingir dolores atroces. Pues bien la mayoría de la gente llego a aplicar descargas MORTALES. No por dinero, ni por nada, solamente por que alguien se lo mandaba y la gente obedecia como Borregos, la verdad es que es desolador.

Decía Bonsai:
El experimento que comenta Miguel Angel me ha hecho reflexionar sobre ese borreguismo que tanto se ha dado y se da en los campos de concentración, en las guerras.....militares que se deben a una causa. Son botones invisibles que se aprietan lentamente, torturas, órdenes de fusilamiento, matanzas, ultrajes.... todo ello por obediencia absoluta a un esquema. Y el dilema sería ¿una causa puede anular la moralidad indidual de la persona?. Creo que no es borreguismo, es cobardía, es negar la responsabilidad personal que tenemos sobre nuestras decisiones y desviarla hacia otro lugar donde se justifiqua lo injustificable. Las personas del experimento aprietan porque piensan que no aprietan ellos.


El genocidio nazi del pueblo judío fue posible por lo que ambos apuntaban. Por borreguismo, por cobardía, por negar la responsabilidad personal que tenemos sobre nuestras decisiones, como decía Bonsai. También por miedo, claro que sí (qué gran tema el miedo). Fue posible porque muchos ciudadanos de a pie se prestaron a seguir los dictados de la propaganda nazi, pasando a formar parte de la maquinaria. Seguramente les resultó más cómodo obedecer las órdenes que cuestionarlas y fueron cómplices, por acción o por omisión, de la barbarie. Por eso admiro, como a ninguno, a Oskar Schindler. Es más o menos fácil jugársela cuando no se tiene nada que perder, él sin embargo era un industrial rico, vividor, despreocupado, que pertenecía a las SS y que hizo una gran travesía para convertirse en un héroe que salvó miles de vidas judías poniendo en juego la suya propia y dilapidando su gran fortuna. Él no eludió su propia responsabilidad cuando tenía muy fácil haberlo hecho.
Hay un refrán italiano que me gusta mucho. Dice: “¿llueve? Porco gobierno”. Somos muy dados a echar la culpa de nuestros males al gobierno, a la patronal, a los sindicatos, a los bancos, a la sociedad...lo cual está muy bien, pero nunca nos fijamos en nosotros mismos.

lunes, 2 de marzo de 2009

¿LO HARÍAS?

Me he acordado muchas veces de una cuestión moral que el profesor de ética de Isabel planteó a sus alumnos hace ya muchos años, en el instituto. Era la siguiente: si te dieran un millón de pesetas por apretar un botón sabiendo que al hacerlo moriría una persona que no conoces al otro lado del mundo, ¿lo harías?
La pregunta es comprometedora para la conciencia de cada uno. Sería fácil decir “no, por un millón no vale la pena” pero, ¿y por diez? ¿y por cien o por mil? ¿Podríamos ponerle precio a una vida humana? Ya me imagino los razonamientos autodisculpatorios de cada uno. Si entras en Google y tecleas “personas que mueren un dia” te encuentras que 2 millones de ellas mueren por falta de agua o consumo de agua contaminada, 35.000 personas mueren de hambre, 20.000 por hipertensión, 3.300 por accidentes de tráfico, 1.000 son víctimas de armas ligeras… Sumémosle los muertos por accidente, por enfermedad, por infarto, por suicidio... Sería fácil argumentar “bueno, todos lo días mueren en el mundo cientos de miles de personas. Total, una más…Todos morimos, sólo he adelantado el momento de una persona que, quizás, fuera a morir la semana que viene”
El razonamiento sería radicalmente distinto si la persona que aprieta el botón es la que está al otro lado del mundo y su víctima es nuestro ser más querido. En ese caso, su asesino sería el mayor hijoputa del planeta. Y aunque nos llamara diciéndonos "mira, macho, ya sé que es una putada pero es que me he llevado 1 millón de euros" no creo que nuestra respuesta fuera "ah, tío, haberlo dicho antes, por esa pasta ya vale la pena, hasta yo lo habría hecho". No, sin duda esa no sería nuestra respuesta.
Afortunadamente no todos tenemos a mano ese botón. Algunos sí lo tienen o lo han tenido y bien que le cogieron el gusto a eso de apretarlo. Al expresidente de lo EEUU no le pareció tan valiosa la vida de los desconocidos hombres, mujeres y niños iraquíes como la de los bien vestidos ejecutivos norteamericanos del World Trade Center y, en compañía de su corte de bufones, apretó compulsivamente ese botón como quien juega a la playstation con sus amigotes. ¿Cuál habrá sido su botín?
Os he dejado una encuesta para que penséis. Sed sinceros, que es anónima.