lunes, 16 de febrero de 2009

¿POR QUÉ LO LLAMAN AMOR CUANDO DEBEN DECIR POSESIÓN?

Se acaba de conocer el motivo de la desaparición de Marta del Castillo: su ex novio la ha matado. Seguramente creyó estar tremendamente enamorado. Seguramente pasó horas sin dormir preguntándose cómo recuperarla y entendiendo imposible esta tarea decidió que si no era para él no sería para nadie.
Al conocer la noticia me ha venido a la mente una historia contada por Nancho Novo en su divertidísima obra “Sobre flores y cerdos”.
Nanxo cuenta la historia del amor infinito de una madre a su hijo y cómo éste, al convertirse en adulto se enamora perdidamente de una dama. Tanto, que le asegura ser capaz de hacer cualquier cosa por conquistarla. Ella promete corresponderle pero su entrega no será gratuita. Sólo lo hará si lleva ante ella el corazón de su madre. Alentado por la idea de ver cumplido su deseo, abre con un cuchillo el pecho de su madre y le arranca el corazón. Mientras camina excitado con él en sus manos para ir a entregárselo a su amada, tropieza y cae al suelo. Con torpeza nerviosa busca en la oscuridad de la noche el órgano extraido del pecho materno y al fin lo encuentra. Lo sujeta con suma delicadeza entre sus manos y cuando lo está limpiando del polvo y hojarasca adherido por la caida oye la voz de su madre que dice: “hijo mío, ¿te has hecho daño?”
Ese es el verdadero amor, el de esta madre hacia su hijo. Lo demás es posesión. El novio de Marta no la amaba, quería la escritura de propiedad de Marta. ¿Cuántos creemos amar cuando sólo queremos poseer? Este sentimiento que todos experimentamos, es, llevado a su extremo, el culpable de la violencia machista. Haríamos muy bien en revisárnoslo.

jueves, 12 de febrero de 2009

AUN ESTÁ TODO POR HACER

Elisa tiene pareja desde los 15 años. Ahora tiene 24. Es su primera pareja, la única. A Pablo, que ronda los 50, su mujer le acaba de confesar que hay otro hombre. Lo han dejado. Elisa parece feliz, hace planes: tener hijos, una segunda casa... El necesita recomponer su vida. Llegará un día en que Elisa deseará besar otros labios, acariciar otra piel. Puede que ya ese día haya llegado. Tendrá que saber pilotar ese deseo. La mujer de Pablo no ha renunciado a volver a sentir el hormigueo del enamoramiento, como lo sintió con Pablo, no sé si también con 15 años. Está en su derecho. Se ha debatido entre la idea de entregarse a ese deseo o dejarse llevar por la inercia de un matrimonio del que quedaba poco más que el cariño. Lo ha pasado mal, lo seguirá pasando mal. El sufrirá más porque no encontrará a nadie que le ofrezca consuelo y porque el espacio que le ofrecía seguridad desde hace tantos años se ha desvanecido y ahora debe comenzar a construir nuevos cimientos sin saber bien cómo.
Elisa fantasea sobre cómo aman otros hombres; Pablo trata de hacerse fuerte ante sus recuerdos.
Si quieren ser felices ella tendrá que saber gestionar sus anhelos e intereses y él su memoria. Y afrontar la vida con la idea de que aun está todo por hacer.

martes, 10 de febrero de 2009

UNA EXPLICACIÓN

¿Qué hago yo aquí? Me pregunto a la hora de comenzar a escribir mis primeras líneas. ¿Qué busco? ¿Qué pretendo?
Sin duda no es mi fin sentar cátedra de nada porque de nada puedo sentar cátedra. Tampoco pretendo cambiar a nadie ¡vaya atrevimiento! Si ni siquiera sé si me está leyendo alguien.
Escribir es una forma de ordenar las ideas. Y ordenar las ideas es una cosa tan recomendable al menos como ordenar los papeles que hay encima de la mesa de mi despacho. No sé si lo has experimentado, concentrarte ante un papel en blanco pone a desfilar tus pensamientos con mucha mayor precisión de lo que lo hacen ante la almohada. El papel los atrapa en tierra firme mientras que en la almohada adquieren una ingravidez que se hace insoportable cuando más los necesitas y comienzan a flirtear descaradamente con las primeras y absurdas imágenes oníricas.
Por eso hoy tengo la intención de crear un blog y escribir en él mis reflexiones sin saber en qué se detendrán. Una conversación, un repentino recuerdo, una mirada, un paisaje o una canción podrán desencadenarlas seguramente en mayor medida que la portada de un periódico.
Pero como los pensamientos en la cama soy voluble. Y aunque ahora esté aquí no sé si mañana seguiré. Quizá me encuentre jugando a paddle, podando bonsais o haciendo punto de cruz.