Se acaba de conocer el motivo de la desaparición de Marta del Castillo: su ex novio la ha matado. Seguramente creyó estar tremendamente enamorado. Seguramente pasó horas sin dormir preguntándose cómo recuperarla y entendiendo imposible esta tarea decidió que si no era para él no sería para nadie.
Al conocer la noticia me ha venido a la mente una historia contada por Nancho Novo en su divertidísima obra “Sobre flores y cerdos”.
Nanxo cuenta la historia del amor infinito de una madre a su hijo y cómo éste, al convertirse en adulto se enamora perdidamente de una dama. Tanto, que le asegura ser capaz de hacer cualquier cosa por conquistarla. Ella promete corresponderle pero su entrega no será gratuita. Sólo lo hará si lleva ante ella el corazón de su madre. Alentado por la idea de ver cumplido su deseo, abre con un cuchillo el pecho de su madre y le arranca el corazón. Mientras camina excitado con él en sus manos para ir a entregárselo a su amada, tropieza y cae al suelo. Con torpeza nerviosa busca en la oscuridad de la noche el órgano extraido del pecho materno y al fin lo encuentra. Lo sujeta con suma delicadeza entre sus manos y cuando lo está limpiando del polvo y hojarasca adherido por la caida oye la voz de su madre que dice: “hijo mío, ¿te has hecho daño?”
Ese es el verdadero amor, el de esta madre hacia su hijo. Lo demás es posesión. El novio de Marta no la amaba, quería la escritura de propiedad de Marta. ¿Cuántos creemos amar cuando sólo queremos poseer? Este sentimiento que todos experimentamos, es, llevado a su extremo, el culpable de la violencia machista. Haríamos muy bien en revisárnoslo.
Al conocer la noticia me ha venido a la mente una historia contada por Nancho Novo en su divertidísima obra “Sobre flores y cerdos”.
Nanxo cuenta la historia del amor infinito de una madre a su hijo y cómo éste, al convertirse en adulto se enamora perdidamente de una dama. Tanto, que le asegura ser capaz de hacer cualquier cosa por conquistarla. Ella promete corresponderle pero su entrega no será gratuita. Sólo lo hará si lleva ante ella el corazón de su madre. Alentado por la idea de ver cumplido su deseo, abre con un cuchillo el pecho de su madre y le arranca el corazón. Mientras camina excitado con él en sus manos para ir a entregárselo a su amada, tropieza y cae al suelo. Con torpeza nerviosa busca en la oscuridad de la noche el órgano extraido del pecho materno y al fin lo encuentra. Lo sujeta con suma delicadeza entre sus manos y cuando lo está limpiando del polvo y hojarasca adherido por la caida oye la voz de su madre que dice: “hijo mío, ¿te has hecho daño?”
Ese es el verdadero amor, el de esta madre hacia su hijo. Lo demás es posesión. El novio de Marta no la amaba, quería la escritura de propiedad de Marta. ¿Cuántos creemos amar cuando sólo queremos poseer? Este sentimiento que todos experimentamos, es, llevado a su extremo, el culpable de la violencia machista. Haríamos muy bien en revisárnoslo.
