sábado, 20 de junio de 2009

VICENTE FERRER Y OTROS

En menos de veinte días la población de Gandía ha sido dos veces noticia por muy distinto motivo. Si a finales de mayo conocíamos la barbaridad cometida por dos empresarios panaderos incapaces de prestar el auxilio necesario a un trabajador víctima de un accidente de trabajo provocado por el afán de exprimir la productividad de su empresa, hoy nos hemos levantado con la noticia del fallecimiento de Vicente Ferrer, hijo predilecto de Gandía, donde pasó su infancia, aunque había nacido en Barcelona.


Qué vidas tan diferentes, qué paradojas. Uno trabajando toda una vida por los demás sin esperar más a cambio que ver aliviado el sufrimiento de los más pobres. Otros buscando el beneficio personal, para enriquecerse o para sacar adelante la empresa, pero en todo caso a costa del trabajo mal pagado y degradante, casi esclavo de los más desprotegidos.

Prefiero hablar del primero, porque nos ha demostrado que otro mundo es posible, porque dicen de él que ha sacado de la pobreza a dos millones de personas, porque se ganó el cariño y el respeto de los más necesitados. Porque, pese a ser jesuita, "nunca hablaba de Dios, había otras prioridades. La acción era lo único importante, la buena acción contiene en sí misma todas las religiones, todas las filosofías, contiene el universo completo". Vicente Ferrer no fue a la India a construir iglesias sino escuelas y hospitales. Nunca figuró en sus planes incrementar las listas de católicos y seguramente por eso nunca fue visto con buenos ojos por la jerarquía eclesiástica, hasta que en 1970 fue expulsado de la Compañía de Jesús.

Dicen que en el punto medio está la virtud. Y no siempre es cierto. En el punto medio entre el egoismo cruel de los empresarios gandienses y el abnegado altruismo de este hijo predilecto de Gandía está la mediocridad. Virtuosos son aquellos capaces de llegar a donde Vicente Ferrer Moncho ha llegado. Esperemos que se hagan ciertas sus palabras “la Fundación puede vivir sin mí pero yo no puedo vivir sin la Fundación” y que la labor que él inició perviva por muchísimo tiempo.



miércoles, 17 de junio de 2009

LA JUVENTUD DE HOY

Hace tiempo que andaba buscando este texto, que perdí, y que ahora he recuperado por gentileza de mi hermana. Lo quiero compartir con vosotros, aunque es probable que ya lo hayáis leido:
El Médico de Familia inglés, Ronald Gibson, comenzó una conferencia sobre conflicto generacional, citando cuatro frases:
1) "Nuestra juventud gusta del lujo y es mal educada, no hace caso a las autoridades y no tiene el menor respeto por los de mayor edad. Nuestros hijos hoy son unos verdaderos tiranos. Ellos no se ponen de pie cuando una persona anciana entra. Responden a sus padres y son simplemente malos."
2) "Ya no tengo ninguna esperanza en el futuro de nuestro país, si la juventud de hoy toma mañana el poder, porque esa juventud es insoportable, desenfrenada, simplemente horrible."
3) "Nuestro mundo llegó a su punto crítico. Los hijos ya no escuchan a sus padres. El fin del mundo no puede estar muy lejos."
4) "Esta juventud esta malograda hasta el fondo del corazón. Los jóvenes son malhechores y ociosos. Ellos jamás serán como la juventud de antes. La juventud de hoy no será capaz d e mantener nuestra cultura."
Después de enunciar las cuatro citas, el Doctor Gibson, observaba como gran parte de la concurrencia aprobaba cada una de las frases. Aguardó unos instantes a que se acallaran los murmullos de la gente comentando lo expresado y entonces reveló el origen de las frases, diciendo:
La primera frase es de Sócrates (470 - 399 A .C.)
La segunda es de Hesíodo ( 720 A .C.)
La tercera es de un sacerdote ( 2.000 A .C.)
La cuarta estaba escrita en un vaso de arcilla descubierto en las ruinas de Babilonia (actual Bagdad) y con más de 4.000 años de existencia.
Y ante la perplejidad de los asistentes, concluyó diciéndoles:Señoras Madres y Señores Padres de familia: RELÁJENSE, QUE LA COSA SIEMPRE HA SIDO ASÍ...
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sábado, 6 de junio de 2009

ABORTAR A LOS 16

No sé si peco de ser corto de reflejos al abordar ahora este debate, cuando lleva ya bastante tiempo instalado en nuestras conversaciones.
El caso es que me ha animado escuchar anteayer en el parque una discusión sobre el aborto a los 16 años y un día después, oir a Mariano Rajoy, hablar de lo mismo en un mitin de campaña.

Lo primero que se me ocurre es que no es una, sino dos discusiones. La primera sería sobre si es o no aceptable la legalidad del aborto y la segunda si es o no aceptable que una niña pueda, a los 16 años, interrumpir su embarazo sin el consentimiento de sus padres.

Me quiero ahorrar la primera. Entre otras cosas porque en España las formaciones de izquierdas han defendido siempre el aborto y el principal partido de derechas, que no lo ha hecho nunca, tuvo la oportunidad de derogar la ley que lo regula durante los ocho años que estuvo en el poder y no lo hizo. Supongo que es el problema de querer aglutinar un sector tan amplio del electorado, el que va del centro hasta la extrema derecha, y que a veces le obliga a tomar decisiones en función de los votos que pueda ganar o perder en el envite. Debieron pensar que derogarla restaría más papeletas que las que pudiera sumar y dejaron las cosas como estaban. Lo mismo pasó con la Ley del divorcio y me apuesto una paella que cuando el PP vuelva al poder tampoco derogará la Ley de matrimonios homosexuales ni eliminará la asignatura Educación para la ciudadanía. El mismo principio de aritmética de votos es el responsable, probablemente, de que el PSOE no haya sido en otras ocasiones más valiente con el aborto u otras cuestiones.

El caso es que si suponemos que estos partidos representan a la gran mayoría de los españoles y todos ellos han defendido por acción u omisión la despenalización del aborto, el debate sobre su conveniencia pierde gran parte de su interés, a pesar de las campañas de la Iglesia (campañas que, curiosamente, no hacía cuando gobernaba el PP y la Ley seguía vigente).

De manera que ahora el meollo del debate se centra en los plazos y en la conveniencia o no de que una niña pueda interrumpir su embarazo a los 16 años sin permiso de sus padres. Y en ese debate yo he escuchado cosas que, a bote pronto, parecen bastante razonables. He escuchado decir que es incongruente que una niña pueda tomar esa decisión y no pueda votar o conducir un coche. He oido que carece de la madurez necesaria o que no puede tomar ese tipo de decisiones a espaldas de sus padres.

La medida propuesta por el gobierno es en parte, lógica, en congruencia con la Ley de Autonomía del Paciente del año 2002, en virtud de la cual, a partir de los 16 años no se requiere consentimiento paterno para pasar por un quirófano. Ni siquiera tratándose de una operación de cirugía estética.

Pienso que una niña puede perfectamente esperar a cumplir los 18 para conducir un vehículo o para votar. No hay ninguna urgencia para ello, ya madurará (y no entraré a discutir si lo habrá hecho o no a los 18). Tampoco pasaría nada si se esperara a alcanzar la mayoría de edad para ponerse tetas, culo, hacerse una liposucción o corregirse la nariz. Pero si a los 16 se queda embarazada, la decisión de continuar con el proceso, la tome quien la tome, no puede esperar. Sería muy buena idea congelar la gestación hasta que cumpliera los 18 pero no es posible (quién sabe si un día...). ¿Y a quién le va a repercutir el resto de su vida lo que se haga con ese embarazo? A esa niña que ahora tiene 16 años. ¿Por qué tienen entonces que tomar una decisión tan importante los abuelos del niño que va o no a nacer si no van a ser los responsables de su crianza y manutención, si no van a tener ninguna obligación legal respecto de él?

Yo parto de la idea de que la decisión de abortar no es ni más ni menos respetable que la decisión de no hacerlo. Y, tomando ese punto de partida, quiero darle la vuelta al planteamiento del siguiente modo:

Si una niña de 16 años necesita del consentimiento de sus padres para interrumpir su embarazo, ¿por qué no lo necesita para continuar con él? ¿no nos parecería disparatado que la ley permitiera la práctica de un aborto a una adolescente que quiere tener a su hijo? ¿Es congruente aceptar que los padres puedan decidir en un sentido pero no en el otro?
Creo que hay decisiones que sólo puede tomar uno mismo. O, en este caso, una misma. Aunque tenga 16 años y aunque sus padres la quieran muchísimo.
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jueves, 28 de mayo de 2009

DISONANCIA COGNITIVA

A menudo me pregunto cómo personas inteligentes pueden dejar de parecerlo cuando, con el fin de no abandonar sus convicciones, fuerzan sus argumentos hasta límites insospechados.

Podríamos poner muchos ejemplos: fumadores que defienden que el humo de los coches es más nocivo que el de sus cigarros; drogadictos que consideran que el tabaco es más dañito que la cocaina; católicos que consideran que el condón propaga el sida; hinchas de clubes de fútbol que una y otra vez pierden por culpa del árbitro...

Debido a este fenómeno, a menudo intuimos lo que alguien va a opinar sobre algo. Eso me sucedió el otro día cuando escuché a una persona de derechas, opinar sobre los presuntos regalos a Francisco Camps. Que ya sabía yo lo que iba a decir: “ ¿Acaso se guarda alguien las facturas de los trajes que se compra? “ Y, sobre esta pregunta, construir un argumento basado en la fácil y falsa acusación a un presidente y un partido en el más infalible de sus feudos con el fin de descabalgarlo del poder.

No seré yo quien rompa la sagrada presunción de inocencia, pero no puedo aceptar un argumento tan débil en una persona inteligente como lo es la que lo esgrimió. Yo no uso trajes ni guardo facturas de mis compras pero todo lo que me cuesta más de 20 euros lo pago con tarjeta y puedo acceder a los cargos cuando quiera, ya sea acudiendo a mi oficina o consultándolos por internet. Me cuesta creer que alguien saque de la cartera 800 ó 1000 euros (que es el precio que ronda cada uno de esos trajes) cada vez que adquiere uno. Y más me cuesta creer que esa práctica no sólo fuera habitual en Camps, sino también en Costa, Campos y Betoret, los otros 3 políticos valencianos acusados de cohecho. No sé si se les podrá condenar por ello, porque para eso se tendrá que demostrar tanto que no pagaron los trajes como que el no hacerlo (y admitirlos como regalo de los responsables de Orange Market) fuera en contraprestación a algo. Pero el tufillo que emana el caso es insoportable.

Tratamos frecuentemente de acomodar a nuestros esquemas morales, a nuestras convicciones, a nuestros comportamientos, todo aquello que va surgiendo para entrar en conflicto con aquéllos. Para la persona de la que hablo, que admira a Camps y lo tiene por persona honrada, lo más fácil es construir argumentos que le lleven a concluir que todo es mentira. Si se demuestra lo contrario, utilizará otros que le lleven quizás a defender que no son los hechos tan graves, que ha sido engañado o que todo el mundo hace lo mismo. Sólo así los hechos y nuestras ideas pueden continuar siendo de alguna manera coherentes.

Estos juegos de equilibrio los practicamos todos, absolutamente todos, en mayor o menor grado con nuestros argumentos, y en Psicología reciben un nombre: Disonancia cognitiva:

El concepto de disonancia cognitiva, en Psicología, hace referencia a la tensión o desarmonía interna del sistema de ideas, creencias, emociones y actitudes (cogniciones) que percibe una persona al mantener al mismo tiempo dos pensamientos que están en conflicto, o por un comportamiento que entra en conflicto con sus creencias. Es decir, el término se refiere a la percepción de incompatibilidad de dos cogniciones simultáneas.
El concepto fue formulado por primera vez en 1957 por el psicólogo estadounidense, de origen ruso, Leon Festinger en su obra "A theory of cognitive dissonance". La teoría de Festinger plantea que al producirse esa incongruencia o disonancia de manera muy apreciable, la persona se ve automáticamente motivada para esforzarse en generar ideas y creencias nuevas para reducir la tensión hasta conseguir que el conjunto de sus ideas y actitudes encajen entre sí, constituyendo una cierta coherencia interna.
La manera en que se produce la reducción de la disonancia puede tomar distintos caminos o formas. Una muy notable es un cambio de actitud o de ideas ante la realidad.

Fuente: Wikipedia
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miércoles, 20 de mayo de 2009

HUMOR Y CRISIS


Lejos de servir para banalizar los problemas, el humor es una forma de comprenderlos y afrontarlos. Por eso os dejo los enlaces a dos vídeos que ilustran perfectamente el origen de esta crisis. Con ellos podemos entender mejor qué es lo que ha pasado y reirnos un rato al mismo tiempo.

El primero de ellos lo protagonizan dos humoristas de la televisión británica. Lo he encontrado en el blog de Francisco Alvarez Molina, en el que también encontré el vídeo de Annie. El segundo es una entrevista a Leopoldo Abadía en el programa de Buenafuente. Leopoldo Abadía no es humorista pero podría serlo, por la forma tan divertida que tiene de contar las cosas (y clara, al mismo tiempo). Es doctor en Ingeniería Industrial y ha ejercido como profesor de Política de Empresa en la Escuela de Dirección de Empresas de Navarra durante más de 35 años. Pero ha sido su teoría de los ninjas la que lo ha llevado a la fama a la edad de 75. Muchos de vosotros ya conoceréis esta teoría e incluso habréis visto el vídeo, pero no está de más recordarlo.


El conocimiento, tanto de la existencia del blog de Francisco Alvarez como del vídeo de Leopoldo Abadía, se lo debo a mi amigo Arcadio. Espero que sigas enviándome material tan interesante para mi blog.


No le digas a mi madre que trabajo en Bolsa: Humor inteligente, pedagógico y terapéutico para explicar la crisis

Leopoldo Abadía y su teoría de los ninjas con Buenafuente

sábado, 16 de mayo de 2009

EL PRECIO JUSTO Y LA TEORÍA DEL MÁS TONTO


A nadie se le escapa que una de las particularidades que esta crisis internacional que nos azota presenta en España es su incidencia en el sector inmobiliario.

Todos hemos visto proliferar como champiñones, años atrás, inmobiliarias grandes, medianas y pequeñas. En todas las calles de todas las ciudades de España había oficinas con sus escaparates empapelados con carteles que anunciaban: “para entrar a vivir” “precioso piso” “muy luminoso”... Te llamaban a la puerta los chicos trajeados con corbatas de colores, muy educados, muy simpáticos. Te ofrecían tasar tu piso gratuitamente (“si yo no quiero venderlo, ¿para qué quiero tasarlo?” “¿No tiene curiosidad por saber cuál sería su precio de mercado?” “Pues no, majete, no quiero saberlo”). Te dejaban publicidad en los buzones, te llamaban por teléfono... Formaban parte de nuestras vidas.

Se vendían muchos pisos todos los días. Y cada vez más caros. Y de ahí comían constructores, arquitectos, aparejadores, albañiles, fontaneros, electricistas, carpinteros..., las pequeñas empresas de reformas, notarías, inmobiliarias, etc., etc.

Y comenzamos a oir hablar de la burbuja inmobiliaria, y de lo que algunos advertían que podía suponer su estallido, y muchos negaban que se fuera a producir. Pero estalló.
Al respecto de las burbujas me he encontrado esta definición de la llamada Teoría del más tonto(que a alguno le puede molestar si se siente aludido pero que, como no es mía, la publico):
La teoría del más tonto describe a las burbujas como dirigidas por el comportamiento perennemente optimista de los participantes de un mercado (los tontos) que compran activos sobrevaluados anticipando su venta a especuladores rapaces (los más tontos) a un precio mucho mayor. Según esta explicación no respaldada, las burbujas continúan hasta que los tontos puedan encontrar más tontos para pagarles por los activos sobrevaluados. Las burbujas terminarán solo cuando el más tonto se convierta en el mayor tonto que paga el precio superior por el bien sobrevaluado y no puede encontrar otro comprador que pague por él un precio más alto.

No ando muy de acuerdo con esta teoría por un motivo: en realidad sólo hay un tonto, el último comprador que no se puede convertir en vendedor. Los tontos de los eslabones intermedios hacen su negocio: compran caro y venden más caro todavía. Son colaboradores de la creación de la burbuja pero no víctimas de ella. Pero en fin, sólo es un matiz.

El resultado de todo esto es que construimos un gran castillo de naipes que había demandado mucha, muchísima mano de obra, incluso de más allá de nuestras fronteras. Con su caida, al soplido de la crisis financiera, esa mano de obra se ha convertido en millones de parados.

Una de las lecciones que hemos de aprender de esta crisis como ciudadanos es que debemos tratar de pagar por las cosas un precio razonable para no alimentar la economía especulativa, para no participar en la teoría de los tontos. Y una de las funciones que deben desempeñar los gobiernos es detectar y paliar la especulación, aunque para muchos signifique una injerencia del estado en la economía de libre mercado.
Y esa lección coincide con otra de las que nos deja el vídeo de Annie Leonard “La historia de las cosas”. Ella también nos enseña a pagar por las cosas un precio razonable, aunque en este caso no hablamos de gastar menos sino de gastar más (y eso siempre es más difícil). Se trata de hacer uso, por ejemplo, de las tiendas de comercio justo. Son pocas, deberían multiplicarse. El comercio justo implica que todos aquellos que participan en la puesta en el mercado de un producto sean retribuidos dignamente y realicen su trabajo en buenas condiciones laborales. Es obvio que esto encarece el producto, pero hay que entender que es el precio razonable. El comercio justo garantiza además el respeto al medio ambiente y contribuye a la redistribución de la riqueza. Y muy bueno sería que la competencia de las tiendas de comercio justo forzara a las grandes multinacionales a desechar la idea de "externalizar costes". Os dejo una relación de tiendas de comercio justo en España.
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martes, 5 de mayo de 2009

LA HISTORIA DE LAS COSAS (de Annie Leonard)

Soy ignorante de muchas, muchísimas cosas. Una de ellas es la economía. Toda la vida quejándonos de la inflacción y resulta que, cuando los precios bajan y yo digo “por fin, una buena noticia”, nos cuentan que llega la deflacción y es peor todavía.

Por tanto, me cuesta entender el origen de este crisis cruel que nos azota. ¿La avaricia de los bancos que los ha “enmerdado” y ahora no sueltan un euro a quienes necesitan financiar sus negocios?, ¿la burbuja inmobiliaria que por fin estalló y ha pringado a todo el mundo?, ¿el miedo a invertir, a consumir y el instinto de guardar por lo que pueda pasar?

Sólo sé que algo tendrá que cambiar cuando salgamos de ella. Hemos creado un sistema basado en el consumismo que habrá que ir desmontando poco a poco. Fabricamos productos ideados para ser reemplazados por otros en breve plazo de tiempo por no tener calidad, por dejar de ser modernos en meses o por los vaivenes de la moda.

Cambiamos de teléfono móvil cada año. ¿Es que no nos funciona? Lo hace perfectamente pero los hay muy baratos con la pantalla más grande y con más funciones ¿pero no era para hablar?. Cada vez que renovamos nuestra tecnología o nuestro vestuario estamos dando de comer a unas cuantas personas (aunque el porcentaje que se llevan de nuestro dinero no es proporcional al esfuerzo dedicado a ponerlo en nuestras manos). Y ahí está la maldita trampa de este sistema: si dejamos de consumir dejamos también de dar de comer a mucha gente. Casi todos participamos en la extracción, elaboración, distribución o venta de productos que han de ser consumidos y nos vemos afectados cuando el consumo disminuye. Pero con esta voracidad no sólo estamos consumiendo lo que nos venden en las grandes superficies, sino también nuestros recursos naturales. Y podemos llegar al día en que sea demasiado tarde rectificar.

Os dejo un vídeo delicioso aunque preocupante y que habla de todas estas cosas. Es de Annie Leonard y se llama LA HISTORIA DE LAS COSAS. Lo encontré en el blog de Francisco Alvarez Molina, (http://noledigasamimadrequetrabajoenblosa.blogspot.com/) quien, entre otras cosas, ha sido vicepresidente de la bolsa de Madrid o Consejero-director de la de Valencia y que ahora tiene un espacio de economía en RNE.

El vídeo dura 21 minutos. Ya sé que todos andamos un poco mal de tiempo, pero vale la pena verlo entero. Si os falla lo podéis ver en este enlace que os llevará al blog de Francisco Alvarez Molina



jueves, 30 de abril de 2009

ENRIC DURAN, UN ROBIN HOOD ACTUAL

Hace unos meses acudí a un teatro de Valencia para recoger unas invitaciones que me tenían preparadas. El encargado de entregármelas, después de saludarme, subió unas escaleras que conducían al despacho donde las tenía, pero algo le entretuvo por el camino y se olvidó de mí por completo. Mientras tanto, entablé conversación con uno de los empleados del teatro. No sé cómo empezó la charla ni cómo derivó a este tema, pero el caso es que me contó que había escuchado en la radio la entrevista a un tío que decía haber conseguido timar a los bancos una burrada de dinero, que lo había hecho por principios y que lo había repartido todo entre organizaciones sociales. El se había quedado un euro, que era lo que necesitaba para vivir (¡qué suerte! Dije yo) .

Cuando era pequeño tenía una colección de historias de Walt Disney que leía y releía una y otra vez. Pero sin duda mi preferida era Robin Hood, que en la versión de Walt Disney lo encarnaba un simpático zorro.Por eso me gustó la historia que me contó este chico. Me sorprendió no haberla escuchado antes y no me preocupé por indagar demasiado por si la realidad, como tantas otras veces, estropeaba un relato que me gustaba cómo me lo habían contado. Creo que hasta imaginaba al timador con cara de zorro.

Pero hoy me he decidido a buscar en google, y me he encontrado la historia de Enric Durán, un tipo de cuyas ideas y medios alguien discrepará, pero sin dejar de reconocer que aquel que se juega su pellejo por principios y sin caer en la tentación de sacarle provecho merece como mínimo nuestro respeto y reconocimiento.
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viernes, 24 de abril de 2009

CAMPS Y LAS AMISTADES PELIGROSAS

Estoy tremendamente enfadado. Sí, estoy enfadado con mis amigos. Porque nunca me dicen cosas tan bonitas como “te quiero un huevo”, ni me juran lealtad ni me mandan tarjetones para felicitarme la navidad. ¡Qué cabrones!

Sabéis de qué estoy hablando, ¿verdad? Francisco y Alvaro nos han dado una gran lección de amistad y de cariño. “Te sigo queriendo mucho” decía Alvaro, “te quiero un huevo” y “quiero que nos veamos con tranquilidad para hablar de lo nuestro...que es muy bonito”, decía Francisco (no, que nadie piense mal. Ya sé que estos términos son muy habituales en recién enamorados pero aquí sólo hay amistad. Francisco y Alvaro son dos hombres y, al menos el primero, de profundas convicciones católicas). Y tan amigos son, que Alvaro le hace regalitos a Francisco y a su familia, porque los quiere a todos un montón. Los míos sólo me regalan algo cuando hacemos el amigo invisible, y no pasa de 15 euros, vaya fastidio.

Pero que nadie saque otras conclusiones. Los regalos que tanto entusiasmaban a Francisco y a Isabel –su mujer- (“te has pasado 20 pueblos”, decía ella) son una muestra más de la generosidad de un amigo y de su agradecimiento: “fíjate, fíjate si te debo” le decía Alvaro a Francisco.

No sé a qué se deberá tanto agradecimiento, imagino que algún día Francisco se quedó con los niños de Alvaro, le invitó al fútbol, le ayudó a hacer la declaración de la Renta o quizás le presentó a una amiga a la que es una delicia tener en la cama. No lo sé, pero de bien nacidos es ser agradecidos, ¿o no?.

Quien piense que no ha sido por este tipo de favores que suelen hacerse los amigos sino que tiene más bien algo que ver con los contratos por valor de más de 5 millones de euros que se ha llevado la empresa de Alvaro, Orange Market, en los últimos 4 años, a costa de los contribuyentes y de otros contratistas, es un mal pensado. Ya sabéis, “cree el ladrón que todos son de su condición”.

Pero no estaría mal que para apagar esta serie de comentarios, difamaciones, mentiras y habladurías, Francisco, que suele tener muchos micrófonos a su alrededor, y que, según Alvaro, atesora un gran “caudal y facilidad de palabras” abriera la boca y lo aclarara todo. Porque, si bien es verdad que tendrá que hacerlo ante el Tribunal Superior de Justicia de la C.V. (no tendrá otro remedio), no es menos cierto que los ciudadanos quieren oir ya una explicación (más allá de que todo es un montaje) bien en las Cortes, bien ante las preguntas de la prensa (en los dos foros sería la hostia). Es una lástima que a Francisco le hayan molestado siempre tanto las preguntas, como podéis comprobar en este enlace.

Su antecesor en el cargo, compañero de partido y rival personal, Eduardo Zaplana, quizás pueda explicarle cómo salirse de rositas cuando te pillan un comentario inoportuno en unas escuchas telefónicas (ya sabéis, “estoy en política para hacer dinero”). La frase no le impidió presidir la Generalitat ni ocupar un Ministerio.

En todo caso, no será tan importante todo este lío, pues en canal 9, la televisión valenciana, no dicen nada.
Para quien ande un poco perdido, aquí está la conversación publicada por El País:
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domingo, 19 de abril de 2009

MANOLO Y EL PEZ GORDO

Manolo había sido miembro de la Guardia de Asalto, un cuerpo de seguridad del Estado creado en tiempos de la II República. Al finalizar la Guerra Civil sólo unos pocos de los integrantes de la Guardia de Asalto superaron los expedientes de depuración y continuaron en el nuevo cuerpo de policía del Régimen de Franco (la Guardia de Asalto se había mantenido fiel a la República). De los restantes, unos se buscaron la vida haciendo o intentando hacer otras cosas y otros, los peor parados, los que tuvieron mayor implicación con el gobierno de la República, pasaron a engrosar las listas de represaliados por el franquismo.

Manolo no fue de los que peor suerte corrió, y encontró trabajo de acomodador en la plaza de toros de Valencia. Pero como muchos otros, vivía con el miedo en el cuerpo de que cualquier día llamaran a su puerta y se lo llevaran preso porque, aun no habiendo tenido una actividad política pública, la gente de su alrededor sabía perfectamente que era un hombre de izquierdas.

Manolo estaba ocupando el lugar en las gradas que le correspondía en un día de corrida, y que era cerca, muy cerca del palco de autoridades, cuando percibió que alguien desde ese palco le miraba con insistencia. Manolo comenzó a sudar de nerviosismo y a imaginarse la peor de las situaciones “este pez gordo se me lleva por delante”. Su corazón cambió de ritmo cuando el pez gordo lo hizo llamar y ante él tuvo que acudir, pese a que sus piernas no querían caminar.

- ¿No sabe quién soy yo?
- No, no lo sé
- ¿No se acuerda de mí?
- No, la verdad es que no.

El pez gordo le contó que, años atrás, lo llevaron preso a la comisaría en la que había prestado servicios Manolo. Y allí le estaban sometiendo a algo más que un amable interrogatorio cuando entró él -el en ese momento acomodador- hecho una fiera –porque tenía muy mal genio- y gritando que mientras él estuviera en esa comisaría allí no se iba a maltratar a nadie, fuera quien fuera.

Manolo asentía, dando por ciertos los hechos que relataba el pez gordo y temiendo todavía por la resolución de esta conversación. Se quedó más tranquilo cuando el pez gordo le dijo, extendiéndole una tarjeta de visita:

- Quiero que sepa que estoy muy agradecido por lo que usted hizo por mí aquel día. Si alguna vez necesita algo, sea lo que sea ¿eh? lo que sea, sólo tiene que venir a verme.
Y le estrechó la mano con fuerza.

Cuando Manolo se despidió de este hombre, con el pulso ya recuperado y el color ocupándose de volver a extenderse por su piel, leyó en la tarjeta recibida que había estado hablando con don Adolfo Rincón de Arellano -el, en ese momento, Presidente de la Diputación Provincial de Valencia y que, posteriormente, entre 1958 y 1969, se convertiría en alcalde de Valencia-.

Manolo no lo pasó muy bien todos esos años. La crisis en aquel entonces era la situación habitual del país y él vivía con su mujer y su única hija realquilado en casa de unos amigos. Y es por eso que alguna vez su mujer le propuso que acudiera a aquel hombre. Su respuesta fue siempre un rotundo no.

En los últimos años de vida de Manolo, nuevamente su mujer y muchos allegados le volvieron a insistir. Esta vez el motivo era distinto. Adolfo Rincón de Arellano compatibilizaba su carrera política con su actividad como cardiólogo, siendo uno de los especialistas de mayor prestigio en España. Y a Manolo, el tabaco le había respetado los pulmones pero le había minado el corazón.

Hubiera sido un final feliz contar que el pez gordo acabó salvando el corazón de Manolo pero no fue así porque ni siquiera le dejó intentarlo. Manolo siguió diciendo que no y murió en 1959. ¿Dignidad? ¿Orgullo? ¿Las dos cosas? Sólo sé que mi abuelo Manolo Martínez, al que nunca conocí, me demostró que hay que tener principios aunque no les saquemos partido, y respetar a todo el mundo sin esperar nada a cambio.
Estoy seguro de que Adolfo Rincón de Arellano, al que veis en la foto, también fue un gran hombre. Y hasta creo que fue un buen alcalde. Murió hace 3 años, a la edad de 96.